3 marcas argentinas que hoy ganan (o pierden) la batalla visual

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A que no sabías que el ojo humano decide si confía en una marca… en menos de 50 milisegundos.
Eso es lo que demostró un estudio de la Universidad de Princeton: en ese parpadeo mínimo, el cerebro ya emitió un juicio de confiabilidad. Después, todo lo demás es justificar lo que sentimos de entrada.

Por eso, las marcas pelean una batalla visual cada vez más brutal: no alcanza con tener un buen producto, tenés que generar confianza antes de que el cliente se dé cuenta que está evaluando.

Acá tres marcas argentinas que hoy están jugando (bien o mal) esa partida:

1- Naranja X — cómo mutar sin perder el alma

El salto de Naranja a Naranja X fue quirúrgico: sumaron el “X” para subirse al tren fintech, modernizaron tipografía, simplificaron el isotipo y lo digitalizaron al 100%. Pero —y esto es clave— mantuvieron el naranja como sello emocional. Eso permite que un cliente que los conoce hace 15 años no sienta que cambió la empresa, sino que creció.

Además, supieron adaptar la marca a su app, a los medios digitales, a las nuevas generaciones. Hoy su identidad fluye lo mismo en un aviso para un comercio tradicional que en un onboarding digital para un pibe que recién abre su primera cuenta.

2- Mercado Pago — coherencia visual regional

Mientras muchas fintech prueban estéticas hipertecnológicas, Mercado Pago se apoyó en una simpleza empática: azul confiable, ícono de manos que pactan, visuales limpias y muy claras en la app. No quieren parecer “la última novedad del mercado”, quieren parecer “donde es seguro mover plata”.

Es un diseño que acompaña el crecimiento regional: funciona igual de bien para un usuario argentino que para uno brasileño o mexicano. No es un logo cool, es un logo que transmite lo que promete el negocio: transaccionar sin miedo.

3- Garbarino — cómo perder solidez en la tormenta

La debacle de Garbarino no fue solo financiera. Su marca visual quedó anclada en los 90: rojo fuerte, tipografía pesada, slogan estancado en la lógica de “electrodomésticos para la casa”. Mientras el negocio migraba al e-commerce y los marketplaces, su identidad seguía gritando “local a la calle”.

El resultado fue una disonancia visual: mientras el consumidor ya no estaba entrando a los locales físicos, la marca no acompañaba el nuevo contexto digital. Terminó pareciendo una empresa vieja en un negocio nuevo.

En definitiva...

No se trata sólo de diseñar lindo.

Se trata de anticipar cómo va a leerse visualmente tu marca en un mundo que cambia cada dos clics.

“El logo no vende: habilita que el cliente quiera comprar.”

¿Querés visibilizar tu marca? ¿Conocés una pyme que merece estar bajo la lupa?¿Tenés una idea, dato o sugerencia para compartir?

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